Sobre la ciudad de Panamá y su desarrollo urbano

El texto a continuación fue un escrito que se me pidió realizar para la clase de Diseño Urbano. Se nos pedía un resumen del desarrollo histórico de la ciudad de Panamá como sistema urbano, y el análisis e hipótesis de desarrollo de la misma.

La ciudad de Panamá desde sus inicios formales como el primer asentamiento europeo en el Pacífico americano presentó características únicas que condicionaron su expansión y que son hoy en día origen primitivo de sus problemas urbanos. La relación particular que ha tenido la ciudad con su entorno estuvo inicialmente definida por los obstáculos geográficos que tuvo el asentamiento fundado en 1519 en una franja de tierra entre el mar y una zona  pantanosa y malsana, como lo describe el Dr. Eduardo Tejeira Davis en su Guía de arquitectura y paisaje de Panamá (Panamá-Sevilla, 2007). Estos rasgos de delimitación han acompañado a la ciudad a lo largo de su desarrollo;  las murallas de la nueva ciudad de 1673, la zona del canal y la cuenca hidrográfica del canal y sus bosques desde 1904, han hecho lo propio en su momento determinando como la ciudad crece. 

La zona del canal, y la cuenca hidrográfica del mismo, son quizás los límites que más han influido en la manera como la ciudad de Panamá se ha desarrollado. Estos márgenes han obligado a la ciudad a crecer linealmente, prolongándose unidireccionalmente a lo largo de tres vías paralelas. Como resultado no tenemos una ciudad que se ensancha sino que se alarga, generando graves problemas de conectividad y acceso a servicios públicos. (Gutiérrez, 1992). Por otro lado, la forma en la que se vio obligada la ciudad a desarrollarse fue acompañada por la inexistencia de una legislación que regulara el crecimiento de la ciudad y favoreciera un modelo de crecimiento coherente con las necesidad y realidades de la urbe.

Con la fundación de la república en 1903 llega la modernización al estado panameño. La naciente administración pública debía emprender una tarea enorme: la creación de mecanismos que ayudaran a la creación de un mercado inmobiliario que no existía hasta ese momento. Estos mecanismos eran necesarios para evitar la especulación en las indemnizaciones que se darían con la expropiaciones necesarias para el proyecto del canal. La repentina aparición de estos procesos inmobiliarios sirvieron para medir, tasar y evaluar las haciendas suburbanas y rurales que rodeaban a la ciudad y dio a estas  una importancia que anteriormente no tenían como recurso económico.

A la valorización de estos territorios se le sumó la el incremento repentino de la población producto de los trabajos del canal, en 20 años el número de habitantes en la ciudad se había triplicado. De un momento a otro no había tierras para que la ciudad creciera de manera adecuada y diera cabida a sus nuevos pobladores. En los primeros diez años el desarrolló urbano se concentró en la creación de nuevos barrios periféricos donde se manifestaba un prototipo arquitectónico constante, el de la casa de cuartos o inquilinato. En estos barrios (San Miguel, Guachapalí, Marañón y El Chorrillo) quedaba en manifiesto el hacinamiento en el que estaba sumergida la ciudad, pero este modelo era la manera más práctica de hacer un uso más intensivo del escaso espacio que se tenía.

Esta situación hizo que se consolidaran los intereses particulares sobre los territorios sin desarrollar que desde hace mucho tiempo era poseídos por la oligarquía urbana vinculada a la zona de transito y dedicada al comercio. La creación de la Zona del Canal solo acentuó la importancia de estas tierras y limitó aún más las competencias de la administración pública, que nunca llegó a liderar los procesos de desarrollo urbano y solo se limitó a la realización de obras públicas y  generación de normas que acababan estando en beneficio de los patrimonios particulares.

Ese status quo fue alterado en 1912 cuando el entonces presidente Belisario Porras emprende la construcción del barrio de La Exposición. Para este proyecto el estado compra varias propiedades privadas para integrar una sola propiedad que sería desarrollada con los más altos estándares de diseño urbano de su tiempo y que sería el punto de partida para futuros desarrollos.

En este mismo periodo la ciudad de Panamá se ya parecía no poder crecer más hacia los sectores insalubres como El Chorrillo, Calidonia y El Marañón, donde se construyen las residencias de inquilinato para alojar a los trabajadores del canal.  Este hecho hizo gran presión en las estructuras físicas y administrativas de la ciudad, e hizo que en 1915 apareciera el Acuerdo Municipal Nº 6, del 29 de Abril, que dividió a la ciudad en cuatro barrios: San Felipe, Santa Ana, El Chorrillo y Calidonia, con el fin de hallar una manera de ordenar lo que hasta ese momento sucedía.

Sin embargo el proyecto de Porras de 1912, inaugurado en 1915, genera una dinámica de desarrollo  que se proyectaría hasta 1938. La Exposición extiende la Avenida Central hacia el noreste, sobre un antiguo trazado colonial llamado camino de Las Sabanas (Vía España). Sobre esta vía se da el surgimiento de nuevas urbanizaciones como La Exposición, Bella Vista, Vista del Mar y Altos de Bella Vista (La Cresta), barrios levantados en los territorios poseídos por la oligarquía urbana. Estas haciendas suburbanas aprovecharon la inversión pública en infraestructura para su desarrollo, principalmente destinado a las elites de la época.

Los territorios periféricos fueron subdivididos  y urbanizados dando como resultado nuestros barrios actuales. La manera fragmentada en como se dio este desarrollo obedeció a la partición casual del territorio, siguiendo linderos de fincas privadas y la repartición entre herederos, lo que produjo un desarrollo urbano también casual, para nada homogéneo.

El modelo de desarrollo que se seguía en la ciudad no podría ser más contrastante con lo que sucedía en la Zona del Canal, donde la propiedad privada y el mercado fueron eliminados, y fue la planificación el instrumento favorecido para el ordenamiento del espacio. Mientras tanto en ciudad de Panamá, el mercado dirigía el proceso, se rechazaba la planificación y todo acción se orientaba a la producción de lucro. Una clara evidencia de esto es la construcción masiva de vivienda de alquiler que hasta 1960 representaban el 75% de las viviendas de la capital, en su mayoría en condiciones deplorables.

Este escenario cambio dramáticamente durante el gobierno militar, luego del golpe de estado de 1968. Una medida populista que congela los precios de los alquileres abre también las puertas al mercado hipotecario. Esto, junto con grandes proyectos de interés social, cambian el paisaje de la ciudad: poco a poco van desapareciendo las concentraciones de casa de cuartos y altas densidades del centro de la ciudad y son sustituidas con edificios de apartamentos de interés social con mejores condiciones sanitarias.

En el nuevo centro de la ciudad, que poco a poco se había trasladado hacia el este, se construyen para ingresos medios y altos edificios cada vez más altos, producto del aumento de los precios del suelo y normativas creadas a medida para ese tipo de desarrollo.

Mientras tanto en las periferias la ciudad se seguía extendiendo a lo largo de las arterias existentes en dos nuevos modelos de  desarrollo: la urbanización (casa en serie) y las barriadas de autoconstrucción (asentamientos informales). Ambos modelos hoy en día causan problemas muy puntuales en las dinámicas de la ciudad. El primero es un prototipo de desarrollo aislado, conectado a una vía principal por un solo acceso que luego se ramifica en un sistema interno de calles que conecta a unidades de vivienda idénticas. Estas agrupaciones no ofrecen mucho más que un lote y una calle, dejando de lado la accesibilidad a infraestructura pública importante. El segundo modelo es producto de la toma de terrenos, generalmente públicos y de acceso difícil, por parte de poblaciones necesitadas y nulo acceso a recursos económicos o servicios financieros. Estos dos prototipos de expansión constituyen la gran mayoría del nuevo espacio urbanizado de la ciudad.

Estos dos modelos y el de alta densidad, de estrato elevado y gran altura, parecen prevalecer todavía hoy, cuando el mercado no ha propuesto una alternativa a los mismos. Del lado del estado tampoco se han visto propuestas que involucren nuevos modelos de desarrollo urbano, incluso los proyectos de interés social desarrollados últimamente replican el prototipo de urbanización en serie, depredador de territorio.

Mientras el estado siga siendo un simple espectador de los procesos de crecimiento urbano y la infraestructura pública no crezca a la par de la industria inmobiliaria los problemas relacionados al acceso de los servicios públicos y vialidad van a continuar agravándose a medida que la periferia crece desmedidamente y el centro no es ocupado por las personas que verdaderamente lo utilizan.

La expansión de las periferias ya sea con desarrollos formales mal planificados o a través de comunidades informales es un mal que seguirá acrecentándose hacia el este y oeste de la ciudad, donde cada día hay más poblaciones dormitorio de gran dimensión sin acceso adecuado a los servicios públicos conectadas por un sistema vía ineficiente.

Varios han sido los esfuerzos para sofocar estos problemas pero ninguno ha planteado una solución integral al problema. Por ejemplo, la construcción de vías circunden (léase corredores) la ciudad fue inicialmente la respuestas, pero esto no detendrá el crecimiento periférico, ni el aumento del parque vehicular.

Un proyecto que puede tener potencial es el Metro, cuyas efectos si plantea como un sistema integrado de transporte puede solucionar en gran medida los problemas de vialidad. Pero todavía quedan pendientes muchísimos otros problemas vinculados a la infraestructura pública, problemas basados en la inhabilidad del estado para establecer planes a largo plazo.

El mirar los problemas de la periferia debe ser balanceado con el volver al centro de la ciudad. Los problemas actuales se pudieron haber evitado con el desarrollo coherente de lo que hoy es el centro de la ciudad, densificando homogéneamente y evitando la segregación que vivimos hoy en día.

La ciudad mixta era la respuesta en su momento y puede seguir siéndolo hoy. El desarrollo de la periferia debe ir acompañado de la reestructuración de los sistemas urbanos originales a través de intervenciones urbanas puntuales, como lo que se dio con el metro, que permitan la inversión en edificios de mediana escala de uso mixto, accesibles para un segmento más amplio de la población.

En resumen, si bien el desarrollo de la ciudad de Panamá en sus inicios estuvo condicionada a la carencia de espacio a desarrollar, debido a los límites impuestos por la naturaleza y el canal, con la aparición del mercado inmobiliario, a principios del siglo XX, el reducido espacio urbano y su desarrollo están regidos por los dictámenes del propio mercado, que produce un urbanismo carente de visión a largo plazo, normado por los intereses particulares que compiten por lograr el uso más intensivo de la preciada tierra. Si el estado no interviene como garante del apropiado desarrollo de los territorios, los problemas que hemos heredados de la ciudad fragmentada creada por el mercado, seguirán creciendo hasta hacer que la ciudad de una vez por todas colapse como sistema urbano.

Es quizás un panorama sombrío, pero que puede ser evitado si los intereses colectivos prevalecen sobre los particulares. No es una tarea fácil teniendo el mercado tanto poder, pero si el estado ocupa su lugar y se presentan mecanismos innovadores para asumir estos problemas, en beneficio del interés público, podemos lograr cambios importantes.

Bibliografía

Tejeira, Eduardo. Guía de arquitectura y paisaje de Panamá. Junta de Andalucía. Panamá-Sevilla, 2007.

Gutiérrez, Samuel. La Ciudad de Panamá y la primera modernidad.  Arquitectura 1930-1950. Imprenta de la Universidad de Panamá. Panamá, 1992.

Sobre un edificio en Ancón

En mi ruta diaria al museo, desde hace un par de semanas, me percaté de un edificio nuevo que se asomaba entre los árboles en la Avenida de Los Mártires, justo frente al Instituto Nacional. Dejé pasar varias oportunidades de investigar un poco más, pero el edificio parecía no ser cualquier cosa, así que esta semana al fin me lancé a la aventura y hallé algo que ya había intentado encontrar antes.

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El edificio en 1908.

Mi interés por encontrar ese edificio data de hace un par de años, cuando era muy activo en SkyscraperCity y había desarrollado cierto affair con los edificios de la antigua Zona del Canal. Uno de ellos era el edificio 310 de Ancón, en ese entonces solo lo conocía por ser la antigua Courthouse de Ancón, pero ignoraba algunas otras cosas. Gracias a un artículo del Panama Canal Review del 1 de octubre de 1979; sitios como czbrats; y el libro el Canal de Panamá y su legado arquitectónico de los esposos Reese (2013) podemos conocer más sobre su historia.

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Postcard de I.L. Maduro, 1908.

La residencia original. En un principio el edificio 310 estaba destinado a ser la residencia oficial y permanente del Ingeniero Jefe de la Isthmian Canal Commision (ICC), que en 1905 era John F. Wallace. La casa contaría con 15 habitaciones, cada una con su baño; una terraza ajardinada; y una sala de estar de grandes proporciones. Se necesitarían entre 12 y 15 personas para mantenerla. Probablemente el autor del diseño del edificio sea Morris O. Johnson, arquitecto supervisor nombrado por Wallace, y que estuvo en la ICC hasta 1905.

Cuando Wallace renuncia y John F. Stevens es nombrado nuevo ingeniero jefe a cargo de la obra en 1905, los trabajos tanto del canal como de la infraestructura adicional son paralizados para enfocarse en las labores de saneamiento, construcción de alojamiento temporal para trabajadores y el estudio final sobre que tipo de canal se iba a construir. Entre las obras que se paralizaron está la nueva residencia oficial. Stevens decide en 1906, cuando solo el exterior estaba listo, convertir el edificio en las oficinas administrativas de la ICC y mantener su residencia en Culebra, donde hasta ese entonces estaba la sede de los trabajos de construcción en edificaciones de carácter temporal diseñados por Parker O. Wright, quien había reemplazado a Morris O. Johnson como arquitecto supervisor. La residencia de Stevens en Culebra fue desmantelada y trasladada en 1914 a Balboa, y ahora es la residencia del Administrador del Canal.

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El edificio en 1908. Por W. A. Fishbaugh en la Lindahall Library.

El edificio 310 funcionó como administración del canal entre 1908 y 1914. Los primeros ocupantes fueron el Jefe de Administración Civil, la División de Correo, Aduana y Hacienda, y la Secretaría de la ICC. En 1914 cuando se termina el edificio de la Administración del Canal en Balboa, todas estas oficinas se trasladan a la nueva sede, solo las oficinas del fiscal y el departamento legal se mantienen. En 1915, durante un breve periodo, en el segundo piso del edificio estuvo ubicada la sede de las tropas militares de en la Zona del Canal.

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El edificio en primer plano, Pta. Paitilla al fondo, 1908. Por W. A. Fishbaugh en la Lindahall Library.

En 1915 los trabajos para habilitar el primer piso del edificio como Corte Distrital de la Zona del Canal inician, y en febrero de 1916 entra en funcionamiento como tal. La sala del juzgado se ubicó en una gran habitación en el frente del edificio, que originalmente había sido diseñada para el el salón principal de la residencia del gobernador del canal. El edificio alberga también durante este periodo la sede del Smithsonian Tropical Research Institute.

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Oficinas de STRI en el edificio 310 de Ancón. Diciembre 1965. STRI Digital Archive.

En 1982, como parte de los Tratados Torrijos-Carter, la Corte Distrital de Ancón deja de funcionar y el edificio es transferido al estado panameño.

El estilo. El edificio fue uno de los primeros edificios de carácter permanente diseñado y construido por los norteamericanos en la Zona del Canal. Originalmente la estructura del edificio de tres plantas parece haber sido de madera. El estilo recuerda mucho a las construcciones francesas, por la simplicidad de la composición y amplios corredores perimetrales; pero también guarda similitudes con la arquitectura del sur-este de los Estados Unidos a principios del siglo XX, con sus columnas pareadas de inspiración renacentista y proporciones casi monumentales. Un elemento que debo destacar es la presencia del patio central, elemento que no fue propio de la arquitectura canalera hasta la construcción de edificios como la Escuela Primaria de Balboa de 1917.

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El edificio como Corte Distrital de la Zona del Canal. Circa 1916.

Luego de 1914, con la habilitación del edificio como sede de la Corte Distrital de la Zona del Canal, se le hicieron modificaciones al diseño original de madera, para ahora ser de mampostería. Las columnas pareadas se eliminaron y el estilo se asemeja más al de las construcciones neo renacentistas de los nuevos asentamientos permanentes dentro del Canal.

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El edificio en 1979. Panama Canal Review.

En manos panameñas. Con el retorno a manos panameñas en 1982 el edificio ha servido de sede de distintas instancias judiciales como el Tribunal Marítimo y otros juzgados penales y civiles. En 2006 se registró un incendio en el segundo piso del edificio que destruyó gran parte de la edificación que estuvo abandonada hasta 2013 cuando se licita su rehabilitación, para volver a albergar a los tribunales que lo ocupaban.

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Luego del Incendio de 2006. czimages, 2008.

Tal parece que en los pliegos del trabajo de rehabilitación no se tomaron en cuenta los temas patrimoniales e históricos. Las modificaciones al diseño original son lamentables y son ejemplo claro de la falta de aprecio al legado arquitectónico del Canal de Panamá.

Sobre una discusión en Arquitectura Panameña

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Cuando empecé el blog quería que no se tratara sobre Arquitectura, pero cómo negarse…

El miércoles 28 de octubre Héctor Ayarza presentó Ricardo J. Bemúdez | 100 Años, un libro en el que hace un recuento de la obra del una de las figuras más importantes de la arquitectura panameña de mediados del siglo XX. El evento sucedió en el Salón Galería de Presidentes de la SPIA en el Ateneo de Ciencias y Artes.

A la presentación asistieron diversas personas del mundo arquitectónico panameño que representaban distintos grupos dentro del mismo. Luego de la parte formal, se dio una discusión muy fecunda que nos llevó a todos los presentes a un momento de reflexión sobre lo que sucede en el quehacer de la profesión en este país. A continuación lo que al final de todo lo que se dijo puedo concluir.

Panamá ha desaprovechado la oportunidad que nos brinda el momento histórico que venimos viviendo desde la reversión del canal. Se podría decir que desde antes han sido muchas las cosas que hemos dejado de hacer y otras las que se han hecho sin mucho cuidado, no solo en el ámbito del ejercicio arquitectónico.

Sí, tenemos los edificios más altos y seguros de Latinoamérica, el mall más grande del hemisferio occidental, cientos de nuevas urbanizaciones, un sin número de proyectos de infraestructura… pero la cantidad de consecuencias negativas (colapso de la infraestructura sanitaria y pluvial, degradación del espacio público, tráfico, etc.) que el desarrollo rápido y voraz nos ha heredado nos deben hacer pensar en lo que realmente significa calidad de vida.

Es verdad que la incapacidad de las instituciones públicas de dar respuesta rápida y eficiente a los problemas, evolucionar a la par del país, y de principalmente planificar, es una de las causas principales de estos problemas, pero ¿dónde queda lo de ‘el estado somos todos’? Desde la dimensión privada, profesional y natural todos tenemos la capacidad y responsabilidad como ciudadanos y parte de la sociedad de aportar al desarrollo de nuestro país.

La responsabilidad social del arquitecto va mucho más allá del sentido reduccionista que muchos le dan como ente cuasi caritativo, generador de proyectos de bajo costo (cosa que ya también es inexistente). Como arquitectos adquirimos con nuestro título un compromiso con la sociedad a la que pertenecemos, este compromiso nos obliga a cumplir con nuestras obligaciones entregando a cabalidad nuestros conocimientos y procediendo de manera honrada.

Es innegable que papel de las promotoras, quienes manejan el capital, es importantísimo para el desarrollo de la profesión, pero se puede decir que así como el desarrollo de la ciudad se ha entregado a la iniciativa privada, el ejercicio de la arquitectura está entregado al interés económico. Con mecanismos reguladores que se han vuelto ineficientes e instituciones fácilmente corruptibles, es normal estar acostumbrados a sacarle todo el jugo posible a la norma, rayando en lo ilegal; lo importante es garantizar el máximo retorno de la inversión, obviando cualquier otra responsabilidad, sea ambiental, social…

Son muchas las cosas que podemos decir que hoy de alguna manera impiden el florecimiento de la profesión, la desfiguración de la ética profesional es una de las causas principales. Aparte de esto el monopolio que ejercen las grandes firmas, la falta de concursos de arquitectura, la carencia de crítica arquitectónica, la producción masiva de arquitectos solo de título, y muchas otras cosas son el desafío a superar.

Pero ¿de qué manera enfrentamos el resultado de años? Pues en un inicio, hablando. Este foro no se planeó, pero de alguna manera el hecho de que voces se encuentren y se intercambien puntos de vistas, nos ayuda no solo a enterarnos de cómo estamos, sino que nos permite ver los frentes desde los cuales trabajar. El gremio organizado es una plataforma importante para esto, como grupo podemos lograr más, que nuestras voces se escuchen más alto.

Un frente importante es la academia, es mucho lo que se ha hecho los últimos años para lograr mejoras y actualizaciones en la enseñanza de la arquitectura, pero es un proceso que requiere mucho más tiempo para ver frutos. Aparte que la comunicación entre las escuelas de arquitectura es muy poca, cuando debería haber un intercambio permanente y constante entre los centros de enseñanza.

Como alguien dijo en el encuentro: esta es una profesión que necesitas querer. El nivel pasión que te exige el ejercicio de la Arquitectura es importante en muchas de sus áreas, los arquitectos que se forman deben conscientes del compromiso que se asume y de las responsabilidades que se adquieren. Ejercer Arquitectura exige seguir educándose continuamente.

Actuar es lo que sigue, educar y educarnos, ejercer responsablemente, exigir que se cumplan las normas y que se de igualdad de oportunidades para todos, en fin, velar por nuestros derechos como ciudadanos y profesionales, esas son las cosas que quedan pendientes de aquí en adelante. Los resultados no se darán de un día para otro, al final los responsables somos todos, pero más aún los arquitectos jóvenes quienes definirán los tiempos futuros, así como Ricardo J. Bermúdez y demás pioneros del Movimiento Moderno Panameño lo hicieron en el suyo.

Tramando

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Quiero abrir esta última intención de blog compartiendo la razón por la que llegara a mí de nuevo la idea de compartir un poco lo que pienso, lo que vivo y lo que veo. Se trata del Encuentro TRAMA, que organizó la Fundación Ciudad del Saber, y que sucedió entre el 15 y 18 de septiembre pasado.

¿Qué es TRAMA? Pues dice la página oficial del evento:

TRAMA tiene como objetivo principal poner en la agenda de la sociedad panameña la necesidad de desarrollar políticas de apoyo a los sectores culturales y creativos como herramientas estratégicas para el desarrollo social y económico del país.

El evento reunirá en Ciudad del Saber a gestores, emprendedores y profesionales de la cultura y la creatividad, representantes de ONGs, de organismos internacionales, del campo académico, del ámbito empresarial y del sector público…

Mis expectativas fueron altas desde un principio. Esto fue quizás por el hecho de que los espacios para hablar de cultura en Panamá parecen pocos, e inexistentes si se trata de conversar de temas como economía creativa, emprendimientos culturales o cosas similares. Quiero destacar que escribo hablar, porque de hecho, son cosas que ya se vienen dando, que son realidades del mundo contemporáneo.

La economía creativa (o naranja como la llama el BID) es el sector de la economía que «involucra las actividades cuyo principal insumo es el capital intelectual y el talento creativo», así la definió al inicio del encuentro Edna Dos Santos-Duisenberg, consultora internacional y autora de los dos primeros informes de la ONU/UNCTAD sobre Economía Cultural.

Este se podría llamar el marco que precedió al resto de las intervenciones que se dieron a lo largo del encuentro. El hecho de que el llamado poder blando de la sociedad, la cultura, haya ganado tanta relevancia en las dinámicas económicas actuales (6,1% de la economía global), no es simple casualidad. La sustitución progresiva de la mano de obra por máquinas, hace cada vez más urgente el reemplazo del modelo de especialización, heredado de la revolución industrial, por uno que responda a las necesidades de la era del conocimiento.

Cultura y desarrollo

En principio, podemos asociar el hecho de la economía creativa a la cultura misma, pero en realidad es una interfaz entre ella, la economía y la tecnología. La economía creativa es una herramienta útil para la promoción del desarrollo económico, que atraviesa todos los sectores sociales, y con un capital que ya se encuentra en las manos de todos.

Gerardo Neugovsen, uno de los impulsores de TRAMA, al final de su intervención, trajo la definición de economía: administración eficiente de los recursos que son finitos y escasos, pero continuando con que la creatividad no se sustenta en recursos agotables pues las ideas son infinitas. ¿Cómo se manejan los recursos infinitos?

He allí la propiedad de la cultura como factor habilitante del desarrollo sostenible, como antes lo había mencionado el representante del PNUD, y que refuerza la idea de la economía creativa como herramienta para el desarrollo.

Todo esto se pudo ver en los ejemplos exitosos, y en vías de serlo, que nos presentaron los expositores de Argentina, Colombia y México que participaron del encuentro, y que demostraron que la promoción de los sectores culturales (conocimiento) y creativos (innovación) a través de políticas públicas serias, la panificación, y el emprendedurismo se pueden lograr resultados dramáticos en los aspectos que hoy en día aquejan a las sociedades latinoamericanas.

Desafíos

Son muchos los desafíos que enfrenta el desarrollo de las industrias culturales y creativas, principalmente asociados a la falta de políticas públicas y acceso a financiamiento. Estoestá conectado a lo difícil que se hace para mucha gente apreciar el valor simbólico de los recursos culturales.

También está la falta de dinamización del sector público ante las obligaciones que suponenlos procesos productivos asociados a la riqueza cultural, muy propia de nuestros países, y donde las asociaciones público-privadas son las únicas capaces de consolidar estructuras que potencien las políticas culturales necesarias.

Externalidades

Las dinámicas creadas por la economía cultural dejan un producto muy importante, externalidad lo llamó Sebastián Ladrón de Guevara. Es un término que en economía que se aplica cuando los costos o beneficios de produción y/o consumo de algún bien o servicio no son reflejados en el precio de mercado del mismo. En este caso las externalidades son más que nada positivas. Por ejemplo: La economía cultural eleva el reconocimiento del patrimonio material e inmaterial de una nación, democratiza el conocimiento y refuerza los valores de apropiación que muchas veces son necesarios para llevar procesos sociales mucho más amplios.

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¿Y Panamá?

Nuestro país tiene un camino largo por recorrer, pero los avances han sido muchos. Como dijo Walo Araújo, Coordinador General de TRAMA, el tiempo de llorar ya pasó y los que trabajan por la cultura han logrado abrirse camino aun cuando no hay políticas públicas serias.

Mucha esperanza nace, cuando conocemos a personas que con las uñas han logrado sacar adelante proyectos innovadores, de tipo cultural y creativo, a veces motivados solo por el amor al arte que nos hace creer en lo que nos llena y nos hace sentir parte.

Siento que una próxima meta del sector es la creación de una Cuenta Satélite de Cultura que permita visibilizar el aporte de la cultura y sus industrias a la dinámica económica del país y así empezar a convencer a los que toman las decisiones de que se necesita legislar para potenciar tales aportes.

TRAMA logró reunir a un grupo importante y diverso de actores de la cultura, la academia, los negocios y el gobierno. Convocó a representantes de distintos sectores culturales y los puso a conversar. Ese es para mí el mayor éxito del evento, haber puesto en sintonía a gente que juega un papel clave en las dinámicas culturales de nuestro país, colocando sobre la mesa las posibilidades que tiene el sector si se trabaja en red.

Es urgente que reconsideremos la manera como consumimos cultura, darnos cuenta que nuestra riqueza cultural y creativa nos brinda muchas posibilidades, que si no la aprovechamos será la causa de la extinción de los valores que aún nos unen como pueblo y que es el legado invaluable de nuestra nación.

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