El texto a continuación fue un escrito que se me pidió realizar para la clase de Diseño Urbano. Se nos pedía un resumen del desarrollo histórico de la ciudad de Panamá como sistema urbano, y el análisis e hipótesis de desarrollo de la misma.
La ciudad de Panamá desde sus inicios formales como el primer asentamiento europeo en el Pacífico americano presentó características únicas que condicionaron su expansión y que son hoy en día origen primitivo de sus problemas urbanos. La relación particular que ha tenido la ciudad con su entorno estuvo inicialmente definida por los obstáculos geográficos que tuvo el asentamiento fundado en 1519 en una franja de tierra entre el mar y una zona pantanosa y malsana, como lo describe el Dr. Eduardo Tejeira Davis en su Guía de arquitectura y paisaje de Panamá (Panamá-Sevilla, 2007). Estos rasgos de delimitación han acompañado a la ciudad a lo largo de su desarrollo; las murallas de la nueva ciudad de 1673, la zona del canal y la cuenca hidrográfica del canal y sus bosques desde 1904, han hecho lo propio en su momento determinando como la ciudad crece.
La zona del canal, y la cuenca hidrográfica del mismo, son quizás los límites que más han influido en la manera como la ciudad de Panamá se ha desarrollado. Estos márgenes han obligado a la ciudad a crecer linealmente, prolongándose unidireccionalmente a lo largo de tres vías paralelas. Como resultado no tenemos una ciudad que se ensancha sino que se alarga, generando graves problemas de conectividad y acceso a servicios públicos. (Gutiérrez, 1992). Por otro lado, la forma en la que se vio obligada la ciudad a desarrollarse fue acompañada por la inexistencia de una legislación que regulara el crecimiento de la ciudad y favoreciera un modelo de crecimiento coherente con las necesidad y realidades de la urbe.
Con la fundación de la república en 1903 llega la modernización al estado panameño. La naciente administración pública debía emprender una tarea enorme: la creación de mecanismos que ayudaran a la creación de un mercado inmobiliario que no existía hasta ese momento. Estos mecanismos eran necesarios para evitar la especulación en las indemnizaciones que se darían con la expropiaciones necesarias para el proyecto del canal. La repentina aparición de estos procesos inmobiliarios sirvieron para medir, tasar y evaluar las haciendas suburbanas y rurales que rodeaban a la ciudad y dio a estas una importancia que anteriormente no tenían como recurso económico.
A la valorización de estos territorios se le sumó la el incremento repentino de la población producto de los trabajos del canal, en 20 años el número de habitantes en la ciudad se había triplicado. De un momento a otro no había tierras para que la ciudad creciera de manera adecuada y diera cabida a sus nuevos pobladores. En los primeros diez años el desarrolló urbano se concentró en la creación de nuevos barrios periféricos donde se manifestaba un prototipo arquitectónico constante, el de la casa de cuartos o inquilinato. En estos barrios (San Miguel, Guachapalí, Marañón y El Chorrillo) quedaba en manifiesto el hacinamiento en el que estaba sumergida la ciudad, pero este modelo era la manera más práctica de hacer un uso más intensivo del escaso espacio que se tenía.
Esta situación hizo que se consolidaran los intereses particulares sobre los territorios sin desarrollar que desde hace mucho tiempo era poseídos por la oligarquía urbana vinculada a la zona de transito y dedicada al comercio. La creación de la Zona del Canal solo acentuó la importancia de estas tierras y limitó aún más las competencias de la administración pública, que nunca llegó a liderar los procesos de desarrollo urbano y solo se limitó a la realización de obras públicas y generación de normas que acababan estando en beneficio de los patrimonios particulares.
Ese status quo fue alterado en 1912 cuando el entonces presidente Belisario Porras emprende la construcción del barrio de La Exposición. Para este proyecto el estado compra varias propiedades privadas para integrar una sola propiedad que sería desarrollada con los más altos estándares de diseño urbano de su tiempo y que sería el punto de partida para futuros desarrollos.
En este mismo periodo la ciudad de Panamá se ya parecía no poder crecer más hacia los sectores insalubres como El Chorrillo, Calidonia y El Marañón, donde se construyen las residencias de inquilinato para alojar a los trabajadores del canal. Este hecho hizo gran presión en las estructuras físicas y administrativas de la ciudad, e hizo que en 1915 apareciera el Acuerdo Municipal Nº 6, del 29 de Abril, que dividió a la ciudad en cuatro barrios: San Felipe, Santa Ana, El Chorrillo y Calidonia, con el fin de hallar una manera de ordenar lo que hasta ese momento sucedía.
Sin embargo el proyecto de Porras de 1912, inaugurado en 1915, genera una dinámica de desarrollo que se proyectaría hasta 1938. La Exposición extiende la Avenida Central hacia el noreste, sobre un antiguo trazado colonial llamado camino de Las Sabanas (Vía España). Sobre esta vía se da el surgimiento de nuevas urbanizaciones como La Exposición, Bella Vista, Vista del Mar y Altos de Bella Vista (La Cresta), barrios levantados en los territorios poseídos por la oligarquía urbana. Estas haciendas suburbanas aprovecharon la inversión pública en infraestructura para su desarrollo, principalmente destinado a las elites de la época.
Los territorios periféricos fueron subdivididos y urbanizados dando como resultado nuestros barrios actuales. La manera fragmentada en como se dio este desarrollo obedeció a la partición casual del territorio, siguiendo linderos de fincas privadas y la repartición entre herederos, lo que produjo un desarrollo urbano también casual, para nada homogéneo.
El modelo de desarrollo que se seguía en la ciudad no podría ser más contrastante con lo que sucedía en la Zona del Canal, donde la propiedad privada y el mercado fueron eliminados, y fue la planificación el instrumento favorecido para el ordenamiento del espacio. Mientras tanto en ciudad de Panamá, el mercado dirigía el proceso, se rechazaba la planificación y todo acción se orientaba a la producción de lucro. Una clara evidencia de esto es la construcción masiva de vivienda de alquiler que hasta 1960 representaban el 75% de las viviendas de la capital, en su mayoría en condiciones deplorables.
Este escenario cambio dramáticamente durante el gobierno militar, luego del golpe de estado de 1968. Una medida populista que congela los precios de los alquileres abre también las puertas al mercado hipotecario. Esto, junto con grandes proyectos de interés social, cambian el paisaje de la ciudad: poco a poco van desapareciendo las concentraciones de casa de cuartos y altas densidades del centro de la ciudad y son sustituidas con edificios de apartamentos de interés social con mejores condiciones sanitarias.
En el nuevo centro de la ciudad, que poco a poco se había trasladado hacia el este, se construyen para ingresos medios y altos edificios cada vez más altos, producto del aumento de los precios del suelo y normativas creadas a medida para ese tipo de desarrollo.
Mientras tanto en las periferias la ciudad se seguía extendiendo a lo largo de las arterias existentes en dos nuevos modelos de desarrollo: la urbanización (casa en serie) y las barriadas de autoconstrucción (asentamientos informales). Ambos modelos hoy en día causan problemas muy puntuales en las dinámicas de la ciudad. El primero es un prototipo de desarrollo aislado, conectado a una vía principal por un solo acceso que luego se ramifica en un sistema interno de calles que conecta a unidades de vivienda idénticas. Estas agrupaciones no ofrecen mucho más que un lote y una calle, dejando de lado la accesibilidad a infraestructura pública importante. El segundo modelo es producto de la toma de terrenos, generalmente públicos y de acceso difícil, por parte de poblaciones necesitadas y nulo acceso a recursos económicos o servicios financieros. Estos dos prototipos de expansión constituyen la gran mayoría del nuevo espacio urbanizado de la ciudad.
Estos dos modelos y el de alta densidad, de estrato elevado y gran altura, parecen prevalecer todavía hoy, cuando el mercado no ha propuesto una alternativa a los mismos. Del lado del estado tampoco se han visto propuestas que involucren nuevos modelos de desarrollo urbano, incluso los proyectos de interés social desarrollados últimamente replican el prototipo de urbanización en serie, depredador de territorio.
Mientras el estado siga siendo un simple espectador de los procesos de crecimiento urbano y la infraestructura pública no crezca a la par de la industria inmobiliaria los problemas relacionados al acceso de los servicios públicos y vialidad van a continuar agravándose a medida que la periferia crece desmedidamente y el centro no es ocupado por las personas que verdaderamente lo utilizan.
La expansión de las periferias ya sea con desarrollos formales mal planificados o a través de comunidades informales es un mal que seguirá acrecentándose hacia el este y oeste de la ciudad, donde cada día hay más poblaciones dormitorio de gran dimensión sin acceso adecuado a los servicios públicos conectadas por un sistema vía ineficiente.
Varios han sido los esfuerzos para sofocar estos problemas pero ninguno ha planteado una solución integral al problema. Por ejemplo, la construcción de vías circunden (léase corredores) la ciudad fue inicialmente la respuestas, pero esto no detendrá el crecimiento periférico, ni el aumento del parque vehicular.
Un proyecto que puede tener potencial es el Metro, cuyas efectos si plantea como un sistema integrado de transporte puede solucionar en gran medida los problemas de vialidad. Pero todavía quedan pendientes muchísimos otros problemas vinculados a la infraestructura pública, problemas basados en la inhabilidad del estado para establecer planes a largo plazo.
El mirar los problemas de la periferia debe ser balanceado con el volver al centro de la ciudad. Los problemas actuales se pudieron haber evitado con el desarrollo coherente de lo que hoy es el centro de la ciudad, densificando homogéneamente y evitando la segregación que vivimos hoy en día.
La ciudad mixta era la respuesta en su momento y puede seguir siéndolo hoy. El desarrollo de la periferia debe ir acompañado de la reestructuración de los sistemas urbanos originales a través de intervenciones urbanas puntuales, como lo que se dio con el metro, que permitan la inversión en edificios de mediana escala de uso mixto, accesibles para un segmento más amplio de la población.
En resumen, si bien el desarrollo de la ciudad de Panamá en sus inicios estuvo condicionada a la carencia de espacio a desarrollar, debido a los límites impuestos por la naturaleza y el canal, con la aparición del mercado inmobiliario, a principios del siglo XX, el reducido espacio urbano y su desarrollo están regidos por los dictámenes del propio mercado, que produce un urbanismo carente de visión a largo plazo, normado por los intereses particulares que compiten por lograr el uso más intensivo de la preciada tierra. Si el estado no interviene como garante del apropiado desarrollo de los territorios, los problemas que hemos heredados de la ciudad fragmentada creada por el mercado, seguirán creciendo hasta hacer que la ciudad de una vez por todas colapse como sistema urbano.
Es quizás un panorama sombrío, pero que puede ser evitado si los intereses colectivos prevalecen sobre los particulares. No es una tarea fácil teniendo el mercado tanto poder, pero si el estado ocupa su lugar y se presentan mecanismos innovadores para asumir estos problemas, en beneficio del interés público, podemos lograr cambios importantes.
Bibliografía
Tejeira, Eduardo. Guía de arquitectura y paisaje de Panamá. Junta de Andalucía. Panamá-Sevilla, 2007.
Gutiérrez, Samuel. La Ciudad de Panamá y la primera modernidad. Arquitectura 1930-1950. Imprenta de la Universidad de Panamá. Panamá, 1992.













