Notas

Sobre una discusión en Arquitectura Panameña

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Cuando empecé el blog quería que no se tratara sobre Arquitectura, pero cómo negarse…

El miércoles 28 de octubre Héctor Ayarza presentó Ricardo J. Bemúdez | 100 Años, un libro en el que hace un recuento de la obra del una de las figuras más importantes de la arquitectura panameña de mediados del siglo XX. El evento sucedió en el Salón Galería de Presidentes de la SPIA en el Ateneo de Ciencias y Artes.

A la presentación asistieron diversas personas del mundo arquitectónico panameño que representaban distintos grupos dentro del mismo. Luego de la parte formal, se dio una discusión muy fecunda que nos llevó a todos los presentes a un momento de reflexión sobre lo que sucede en el quehacer de la profesión en este país. A continuación lo que al final de todo lo que se dijo puedo concluir.

Panamá ha desaprovechado la oportunidad que nos brinda el momento histórico que venimos viviendo desde la reversión del canal. Se podría decir que desde antes han sido muchas las cosas que hemos dejado de hacer y otras las que se han hecho sin mucho cuidado, no solo en el ámbito del ejercicio arquitectónico.

Sí, tenemos los edificios más altos y seguros de Latinoamérica, el mall más grande del hemisferio occidental, cientos de nuevas urbanizaciones, un sin número de proyectos de infraestructura… pero la cantidad de consecuencias negativas (colapso de la infraestructura sanitaria y pluvial, degradación del espacio público, tráfico, etc.) que el desarrollo rápido y voraz nos ha heredado nos deben hacer pensar en lo que realmente significa calidad de vida.

Es verdad que la incapacidad de las instituciones públicas de dar respuesta rápida y eficiente a los problemas, evolucionar a la par del país, y de principalmente planificar, es una de las causas principales de estos problemas, pero ¿dónde queda lo de ‘el estado somos todos’? Desde la dimensión privada, profesional y natural todos tenemos la capacidad y responsabilidad como ciudadanos y parte de la sociedad de aportar al desarrollo de nuestro país.

La responsabilidad social del arquitecto va mucho más allá del sentido reduccionista que muchos le dan como ente cuasi caritativo, generador de proyectos de bajo costo (cosa que ya también es inexistente). Como arquitectos adquirimos con nuestro título un compromiso con la sociedad a la que pertenecemos, este compromiso nos obliga a cumplir con nuestras obligaciones entregando a cabalidad nuestros conocimientos y procediendo de manera honrada.

Es innegable que papel de las promotoras, quienes manejan el capital, es importantísimo para el desarrollo de la profesión, pero se puede decir que así como el desarrollo de la ciudad se ha entregado a la iniciativa privada, el ejercicio de la arquitectura está entregado al interés económico. Con mecanismos reguladores que se han vuelto ineficientes e instituciones fácilmente corruptibles, es normal estar acostumbrados a sacarle todo el jugo posible a la norma, rayando en lo ilegal; lo importante es garantizar el máximo retorno de la inversión, obviando cualquier otra responsabilidad, sea ambiental, social…

Son muchas las cosas que podemos decir que hoy de alguna manera impiden el florecimiento de la profesión, la desfiguración de la ética profesional es una de las causas principales. Aparte de esto el monopolio que ejercen las grandes firmas, la falta de concursos de arquitectura, la carencia de crítica arquitectónica, la producción masiva de arquitectos solo de título, y muchas otras cosas son el desafío a superar.

Pero ¿de qué manera enfrentamos el resultado de años? Pues en un inicio, hablando. Este foro no se planeó, pero de alguna manera el hecho de que voces se encuentren y se intercambien puntos de vistas, nos ayuda no solo a enterarnos de cómo estamos, sino que nos permite ver los frentes desde los cuales trabajar. El gremio organizado es una plataforma importante para esto, como grupo podemos lograr más, que nuestras voces se escuchen más alto.

Un frente importante es la academia, es mucho lo que se ha hecho los últimos años para lograr mejoras y actualizaciones en la enseñanza de la arquitectura, pero es un proceso que requiere mucho más tiempo para ver frutos. Aparte que la comunicación entre las escuelas de arquitectura es muy poca, cuando debería haber un intercambio permanente y constante entre los centros de enseñanza.

Como alguien dijo en el encuentro: esta es una profesión que necesitas querer. El nivel pasión que te exige el ejercicio de la Arquitectura es importante en muchas de sus áreas, los arquitectos que se forman deben conscientes del compromiso que se asume y de las responsabilidades que se adquieren. Ejercer Arquitectura exige seguir educándose continuamente.

Actuar es lo que sigue, educar y educarnos, ejercer responsablemente, exigir que se cumplan las normas y que se de igualdad de oportunidades para todos, en fin, velar por nuestros derechos como ciudadanos y profesionales, esas son las cosas que quedan pendientes de aquí en adelante. Los resultados no se darán de un día para otro, al final los responsables somos todos, pero más aún los arquitectos jóvenes quienes definirán los tiempos futuros, así como Ricardo J. Bermúdez y demás pioneros del Movimiento Moderno Panameño lo hicieron en el suyo.

Caminando

Empezar un blog no es lo difícil, jamás lo fue, el desafío es mantenerlo alimentado.

El propósito de este espacio, aparte de compartir reseñas de lo que vivo, es poder drenar un poco las cosas que en nuestro reflexionar constante a veces no salen de nuestras cabezas o de un pedazo de papel afortunado que acaba perdiéndose entre muchos otros.

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Está vez quise escribir de algo que hacemos todos los días: caminar; pero no solo sobre el acto de caminar, sino sobre el evento de caminar.

Caminar en Panamá no es fácil, principalmente porque las aceras son mínimas (o no existen en muchos casos), pero ¿hay cultura peatonal?. Obvio que la gente camina por necesidad, pero más allá de esto, caminar para muchas personas es la última opción para movilizarse. Marginar el hecho de la peatonalidad hace más difícil que se tomen en en cuenta políticas públicas para promoverla.

Las dinámicas de la ciudad están centradas en el automóvil, por lo cual no es raro que los recursos se enfoquen mejorar y construir más espacio para autos. Lo que no es entendible es cómo, aún cuando ya la infraestructura vial colapsa por más inversión en puentes y autopistas en medio de la ciudad que se haga, no se piense en otras alternativas a esta realidad.

La obsesión con el auto hace que olvidemos que caminar es la manera como naturalmente nos movemos los seres humanos. ¿Cómo vivir como humanos en una ciudad diseñada para la máquina?

El metro y las nuevas iniciativas de la municipalidad dan un buen panorama para la reivindicación del espacio público de la ciudad. Pero más allá de las inversiones debe haber un cambio social. Tener aceras decentes no solo debe ser necesidad de la gente que no tiene carro. El auto particular, el modelo menos democrático de movilizarse, debe ser la última opción para movernos.

A medida que la demanda de espacio para el peatón crezca y venga de todos los niveles sociales más presión por políticas urbanas obligará a redefinir las prioridades.

El caminar los hace convivir como especie, los relaciona con gente de un sinfín de procedencias, es más saludable para nosotros y para el planeta, aparte que es gratis.

Todos los días camino de el lugar donde vivo casi un kilómetro hasta alcanzar la estación del metro más cercana. Aunque el trayecto es el mismo, siempre encuentro algo diferente. Los rostros no son los mismos, los aromas no son los mismos, el soundtrack no es el mismo… Para hacer de caminar una experiencia basta con conectarse a lo que sucede al rededor nuestro, y bueno hacer lo que hacen los humanos.

Tramando

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Quiero abrir esta última intención de blog compartiendo la razón por la que llegara a mí de nuevo la idea de compartir un poco lo que pienso, lo que vivo y lo que veo. Se trata del Encuentro TRAMA, que organizó la Fundación Ciudad del Saber, y que sucedió entre el 15 y 18 de septiembre pasado.

¿Qué es TRAMA? Pues dice la página oficial del evento:

TRAMA tiene como objetivo principal poner en la agenda de la sociedad panameña la necesidad de desarrollar políticas de apoyo a los sectores culturales y creativos como herramientas estratégicas para el desarrollo social y económico del país.

El evento reunirá en Ciudad del Saber a gestores, emprendedores y profesionales de la cultura y la creatividad, representantes de ONGs, de organismos internacionales, del campo académico, del ámbito empresarial y del sector público…

Mis expectativas fueron altas desde un principio. Esto fue quizás por el hecho de que los espacios para hablar de cultura en Panamá parecen pocos, e inexistentes si se trata de conversar de temas como economía creativa, emprendimientos culturales o cosas similares. Quiero destacar que escribo hablar, porque de hecho, son cosas que ya se vienen dando, que son realidades del mundo contemporáneo.

La economía creativa (o naranja como la llama el BID) es el sector de la economía que «involucra las actividades cuyo principal insumo es el capital intelectual y el talento creativo», así la definió al inicio del encuentro Edna Dos Santos-Duisenberg, consultora internacional y autora de los dos primeros informes de la ONU/UNCTAD sobre Economía Cultural.

Este se podría llamar el marco que precedió al resto de las intervenciones que se dieron a lo largo del encuentro. El hecho de que el llamado poder blando de la sociedad, la cultura, haya ganado tanta relevancia en las dinámicas económicas actuales (6,1% de la economía global), no es simple casualidad. La sustitución progresiva de la mano de obra por máquinas, hace cada vez más urgente el reemplazo del modelo de especialización, heredado de la revolución industrial, por uno que responda a las necesidades de la era del conocimiento.

Cultura y desarrollo

En principio, podemos asociar el hecho de la economía creativa a la cultura misma, pero en realidad es una interfaz entre ella, la economía y la tecnología. La economía creativa es una herramienta útil para la promoción del desarrollo económico, que atraviesa todos los sectores sociales, y con un capital que ya se encuentra en las manos de todos.

Gerardo Neugovsen, uno de los impulsores de TRAMA, al final de su intervención, trajo la definición de economía: administración eficiente de los recursos que son finitos y escasos, pero continuando con que la creatividad no se sustenta en recursos agotables pues las ideas son infinitas. ¿Cómo se manejan los recursos infinitos?

He allí la propiedad de la cultura como factor habilitante del desarrollo sostenible, como antes lo había mencionado el representante del PNUD, y que refuerza la idea de la economía creativa como herramienta para el desarrollo.

Todo esto se pudo ver en los ejemplos exitosos, y en vías de serlo, que nos presentaron los expositores de Argentina, Colombia y México que participaron del encuentro, y que demostraron que la promoción de los sectores culturales (conocimiento) y creativos (innovación) a través de políticas públicas serias, la panificación, y el emprendedurismo se pueden lograr resultados dramáticos en los aspectos que hoy en día aquejan a las sociedades latinoamericanas.

Desafíos

Son muchos los desafíos que enfrenta el desarrollo de las industrias culturales y creativas, principalmente asociados a la falta de políticas públicas y acceso a financiamiento. Estoestá conectado a lo difícil que se hace para mucha gente apreciar el valor simbólico de los recursos culturales.

También está la falta de dinamización del sector público ante las obligaciones que suponenlos procesos productivos asociados a la riqueza cultural, muy propia de nuestros países, y donde las asociaciones público-privadas son las únicas capaces de consolidar estructuras que potencien las políticas culturales necesarias.

Externalidades

Las dinámicas creadas por la economía cultural dejan un producto muy importante, externalidad lo llamó Sebastián Ladrón de Guevara. Es un término que en economía que se aplica cuando los costos o beneficios de produción y/o consumo de algún bien o servicio no son reflejados en el precio de mercado del mismo. En este caso las externalidades son más que nada positivas. Por ejemplo: La economía cultural eleva el reconocimiento del patrimonio material e inmaterial de una nación, democratiza el conocimiento y refuerza los valores de apropiación que muchas veces son necesarios para llevar procesos sociales mucho más amplios.

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¿Y Panamá?

Nuestro país tiene un camino largo por recorrer, pero los avances han sido muchos. Como dijo Walo Araújo, Coordinador General de TRAMA, el tiempo de llorar ya pasó y los que trabajan por la cultura han logrado abrirse camino aun cuando no hay políticas públicas serias.

Mucha esperanza nace, cuando conocemos a personas que con las uñas han logrado sacar adelante proyectos innovadores, de tipo cultural y creativo, a veces motivados solo por el amor al arte que nos hace creer en lo que nos llena y nos hace sentir parte.

Siento que una próxima meta del sector es la creación de una Cuenta Satélite de Cultura que permita visibilizar el aporte de la cultura y sus industrias a la dinámica económica del país y así empezar a convencer a los que toman las decisiones de que se necesita legislar para potenciar tales aportes.

TRAMA logró reunir a un grupo importante y diverso de actores de la cultura, la academia, los negocios y el gobierno. Convocó a representantes de distintos sectores culturales y los puso a conversar. Ese es para mí el mayor éxito del evento, haber puesto en sintonía a gente que juega un papel clave en las dinámicas culturales de nuestro país, colocando sobre la mesa las posibilidades que tiene el sector si se trabaja en red.

Es urgente que reconsideremos la manera como consumimos cultura, darnos cuenta que nuestra riqueza cultural y creativa nos brinda muchas posibilidades, que si no la aprovechamos será la causa de la extinción de los valores que aún nos unen como pueblo y que es el legado invaluable de nuestra nación.

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