Caminando

Empezar un blog no es lo difícil, jamás lo fue, el desafío es mantenerlo alimentado.

El propósito de este espacio, aparte de compartir reseñas de lo que vivo, es poder drenar un poco las cosas que en nuestro reflexionar constante a veces no salen de nuestras cabezas o de un pedazo de papel afortunado que acaba perdiéndose entre muchos otros.

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Está vez quise escribir de algo que hacemos todos los días: caminar; pero no solo sobre el acto de caminar, sino sobre el evento de caminar.

Caminar en Panamá no es fácil, principalmente porque las aceras son mínimas (o no existen en muchos casos), pero ¿hay cultura peatonal?. Obvio que la gente camina por necesidad, pero más allá de esto, caminar para muchas personas es la última opción para movilizarse. Marginar el hecho de la peatonalidad hace más difícil que se tomen en en cuenta políticas públicas para promoverla.

Las dinámicas de la ciudad están centradas en el automóvil, por lo cual no es raro que los recursos se enfoquen mejorar y construir más espacio para autos. Lo que no es entendible es cómo, aún cuando ya la infraestructura vial colapsa por más inversión en puentes y autopistas en medio de la ciudad que se haga, no se piense en otras alternativas a esta realidad.

La obsesión con el auto hace que olvidemos que caminar es la manera como naturalmente nos movemos los seres humanos. ¿Cómo vivir como humanos en una ciudad diseñada para la máquina?

El metro y las nuevas iniciativas de la municipalidad dan un buen panorama para la reivindicación del espacio público de la ciudad. Pero más allá de las inversiones debe haber un cambio social. Tener aceras decentes no solo debe ser necesidad de la gente que no tiene carro. El auto particular, el modelo menos democrático de movilizarse, debe ser la última opción para movernos.

A medida que la demanda de espacio para el peatón crezca y venga de todos los niveles sociales más presión por políticas urbanas obligará a redefinir las prioridades.

El caminar los hace convivir como especie, los relaciona con gente de un sinfín de procedencias, es más saludable para nosotros y para el planeta, aparte que es gratis.

Todos los días camino de el lugar donde vivo casi un kilómetro hasta alcanzar la estación del metro más cercana. Aunque el trayecto es el mismo, siempre encuentro algo diferente. Los rostros no son los mismos, los aromas no son los mismos, el soundtrack no es el mismo… Para hacer de caminar una experiencia basta con conectarse a lo que sucede al rededor nuestro, y bueno hacer lo que hacen los humanos.