En general, la Arquitectura panameña de los últimos 20 años nos ha negado experiencias arquitectónicas que vayan mucho más allá de dobles alturas o una curtain wall común y silvestre, simplemente por tratar de salvar la típica solución ortogonal a la que nos hemos acostumbrado porque «funciona». La Arquitectura es capaz de mover nuestro espíritu mientras nos brinda una solución, puede ser el escenario de nuestros sueños más absurdos y de las ideas más brillantes. Negarnos nuevas experiencias espaciales nos deja muy rezagados frente a la avanzada arquitectónica, por más desarrollados que pregonemos que somos.
Por todo esto, poder disfrutar de algunas de las excepciones que siempre van a existir resulta alucinante.

