Sobre 10 edificios, edición julio 2020

Cuarentena, día 117. No sé si llamarlos mis edificios favoritos, pero son al menos las experiencias arquitectónicas que mejor recuerdo. Tengo una lista larga de obras por visitar, aquí van las que he tenido hasta julio de 2020. Aclaro que más que valoraciones académicas o profesionales esto es un recuento de experiencias y apreciaciones puramente personales.

10. Filmoteca de Catalunya, Josep Lluís Mateo (2012) – Barcelona, España

La verdad ya yo andaba perdido por la Ciudad Vieja, específicamente por El Raval (después fue que me enteré cómo se llamaban todos estos lugares) y, así como uno encuentra un claro en el bosque, apareció la plaza de Salvador Seguí (otro nombre que ahora me sé). La filmoteca domina el espacio por sus dimensiones y su carácter brutalista, pero el insignificante gesto del vestíbulo estando al mismo nivel de la plaza, siendo una extensión de ella, me dejó uno de los recuerdos que más atesoro de mi corta estancia en la ciudad. No sé exactamente describir la razón, pero podría tener que ver el ejercicio de identidad que es la filmoteca en sí y que el edificio no se levante en un podio por encima de los ciudadanos sino todo lo contrario, está en la calle con ellos.

9. Terminal 4 del Aeropuerto Madrid-Barajas, Estudio Lamela & Rogers Stirk Harbour + Partners (2005) – Madrid, España

De lo brutal pasamos a lo ligero. La T4 de Barajas es un clásico de la arquitectura aeroportuaria, es quizás un paradigma de lo que los aeropuertos pueden ser aparte de cajas acristaladas, grises y deprimentes. Aunque sabía que en el trayecto hacia Europa no tendría la oportunidad de desembarcar en la terminal de Iberia, tuve la suerte de embarcar un vuelo interno desde allí. En la T4 la agobiante experiencia de tránsito se ve apaciguada por una generosa provisión de luz y espacio, y por los intrépidos juegos estructurales y de color. La experiencia a veces futurista, a veces surreal, hizo de una larga espera algo muy entretenido.

8. Met Breuer/Frick Collection, Marcel Breuer (1966) – Nueva York, EEUU

Mi primer viaje fuera de Panamá fue a Nueva York, y fui con una idea clara de qué no podía perderme. Una de esas cosas era el recién abierto apéndice moderno del Museo Metropolitano. El edificio terminado en 1966 para el Museo Whitney de Arte Americano era una nave espacial que parecía justo haber aterrizado en medio de las mansiones adosadas del Upper East Side. Todavía 50 años después la monolítica estructura conservaba la misma presencia que había generado tanta opinión a sus inicios. La obra brutalista acababa de atravesar un cuidadoso proceso de restauración que le había devuelto el resplandor original. Los detalles, la utilización de los materiales y la organización espacial siguen sobresaliendo hoy en día. No es para menos que se le trate como una pieza de arte. El Met Breuer anunció en 2018 su cierre a partir de este año debido a los problemas presupuestarios que atraviesa el Met, sin embargo el edificio de Marcel Breuer acogerá temporalmente la Colección Frick mientras el edificio de la misma atraviesa renovaciones.

7. Whitney Museum, Renzo Piano Building Workshop (2015) – Nueva York, EEUU

Del Whitney original al nuevo Whitney. El museo abandonó el edificio de Breuer en 2014 y se mudó a una nueva y resplandeciente sede en el Meatpacking District (el distrito empacador de carne, JAJA) en 2015. El edificio está ubicado en el extremo sur del High Line, el parque elevado construido sobre unas líneas de metro ya en desuso. Como muchos de los edificios de Renzo Piano, este parece una máquina. Pero de máquina solo lo material, y quizás estético. El edificio tiene una calidad espacial sin igual, dominado por lo flexible del espacio, el dominio de la luz y la magnífica construcción. No se me borran las imágenes del último piso y la lluvia de luz que bañaba desde los tragaluces a las piezas que allí se encontraban, ni la escultura de cera de Julian Schabel por Urs Fischer lentamente derritiéndose sola contra la vista panorámica de la ciudad y el cielo celeste. El edificio no competía, era el escenario óptimo para el arte y su relación con la ciudad.

6. Banistmo Plaza Ágora, Mallol y Wolfschoon (1992?) – Ciudad de Panamá, Panamá

Foto por Javier Camacho para Google Maps.

Mallol y Wolfschoon fue el dúo dinámico de la arquitectónica panameña durante los años ochenta y parte de los noventa. Los arquitectos fueron quizás los autores del último gran momento de la arquitectura local. La asociación logró aportar características muy propias a su obra, considerada por algunos fruto de la corriente postmodernista que prosperaba en otras latitudes. Originalmente la sucursal del Banco del Istmo en Plaza Ágora, este edificio estaba muy cerca de mi primer lugar de residencia en la ciudad. Era paso obligado al ir y venir de la universidad. En principio llama la atención la composición volumétrica y el juego de texturas (han habido muchos cambios a la materialidad original), pero una vez dentro resalta la secuencia espacial, el mobiliario fijo y el arte seguramente elegido por los arquitectos.

5. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Rafael Moneo (1992) – Madrid, España

Estaba en Madrid y el Thyssen presentaba una exhibición dedicada a Cristóbal Balenciaga y su relación con la pintura española, específicamente los maestros españoles. IMPERDIBLE. Yo solo sabía que el museo ocupa un palacete urbano relevante, pero no conocía mucho más. El Palacio de Villahermosa había sido intervenido a principios de los años noventa por Rafael Moneo para adecuarlo a las necesidades como museo. El resultado resalta por la organización secuencial de las salas, lo generoso del espacio (en especial la calidad del atrio), el uso de luz natural (los tragaluces de las salas superiores) y el característico color de las paredes sugerido por la baronesa Thyssen. De la extensión más reciente (BOPBAA, 2004) destaco la transparencia y serenidad que se siente en el café frente al jardín.

4. Casa en el Copé, ENSITU (2015) – El Copé, Panamá

La sensibilidad que la arquitectura de Patrick Dillon muestra hacia el contexto ambiental local lo hace, por lo menos desde mi punto de vista, uno de los mejores arquitectos contemporáneos de Panamá. En esta casa en el Copé el protagonista es el sitio, la forma, acceso y vistas. La obra está organizada para aprovechar al máximo las características únicas del lugar borrando casi al completo los límites entre el interior y el exterior, al mismo tiempo que crea un refugio acogedor para sus habitantes. Los materiales acompañan este propósito y el espacio, a pesar de la transparencia y planta abierta, permite nichos de privacidad. La visita a esta casa ha sido uno de los escapes a la naturaleza más enriquecedores que he experimentado. 

3. Biomuseo, Gehry Partners (2014) – Ciudad de Panamá, Panamá

Que el edificio donde trabajas sea la razón que te hace levantarte en las mañanas por casi un año y medio debe decir mucho. Pasé tanto tiempo dando vueltas, esperando visitantes en salas y viéndolo desde distintos puntos de vista que nunca dejaron de aparecer nuevos recovecos y detalles que apreciar. Más allá de los significados, colores, mariposas o troncos de árboles el edificio es una obra irrepetible cuyo diseño fue concebido para, de alguna manera, contar la historia más profunda del istmo de Panamá (literalmente). El atrio, el lugar de encuentro, convoca vida y ni cuando está vacío parece apagarse pues la conexión con el entorno es permanente. De noche e iluminado es otra cosa. Podré seguir yendo mil veces y las sensaciones serán diferentes cada vez. Es uno de mis lugares felices.

2. Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, Antoni Gaudí (????) – Barcelona, España

Si de experiencias religiosas se trata, en primer lugar estaría la visita a La Sagrada Familia. Como mencioné antes, mi visita a Barcelona fue fugaz, pero el templo en construcción debía visitarlo por más cliché turístico que sea. Mi plan era aprovechar que era domingo y coincidir con la misa que se da en las mañanas. Me imaginé que muchos querrían aprovechar esta experiencia y llegué temprano. Sí, el edificio es impresionante por sus dimensiones y la complejidad del diseño y artefactos que solo pueden ser producto de la mente del genio del modernismo catalán, pero verlo operar para el propósito al que sirve es una experiencia metafísica. La música religiosa llena cada concavidad del edificio así como llena y eleva el espíritu, la luz que atraviesa los ventanales y se refleja en los muros crea un escenario único que es difícil traducir en palabras. Supongo que estas son las sensaciones que las míticas catedrales góticas producían y siguen produciendo en los fieles. El poder de la arquitectura para mover el espíritu.

1. Salk Institute for Biological Studies, Louis Kahn (1965) – La Jolla, EEUU

Las experiencias religiosas no se limitan a los templos, por lo menos no a los religiosos. El autor de la vacuna de la poliomielitis, Jonas Salk, invitó a Louis Kahn a diseñar un complejo de investigación que atrajera a los mejores científicos del mundo. El resultado es un edificio que se podría describir como un monasterio científico contemporáneo. El acceso principal se da a través de una serie de escalones desde los que se descubre la gran la plaza central con su sutil fuente de agua y el horizonte infinito del océano. Es una experiencia casi ceremonial. Los espacios públicos y organización de los edificios invita a la contemplación y provocan serenidad. La materialidad suma una noción de atemporalidad innegable. Este edificio me sacó varios suspiros que aún hoy conservo. Seguro de esto es a lo que se refieren cuando hablan de una obra maestra.

Todas las fotos son propias a menos que se indique lo contrario.

Sobre lo que está sin terminar

Ayer fue el último día de Unfinished: Thoughts Left Visible, la exhibición con la que el Museo Metropolitano de Nueva York, ahora The Met, inauguraba su nuevo espacio en la antigua sede del Museo Whitney de Arte Americano, edificio diseñado por Marcel Breuer.

En la exhibición el Met hace alarde de su colección enciclopédica y explora una de las cuestiones que persigue al artista de cualquier tiempo: ¿cuándo una obra de arte está terminada? Aparte de esto analiza el significado de la obra sin terminar en distintas épocas, especialmente en el arte del último siglo.

La muestra fue momento único para ver de cerca la técnica y ejercicio de artistas desde el renacimiento hasta la actualidad, de Velásquez a Cy Twombly, en un escenario igual de especial, el edificio que Marcel Breuer diseñó en Madison Ave. para ser sede del Whitney.

It’s a rare moment when we can survey an exhibition that includes a moving  bronze relief by the great italian sculptor Donatello; two interrupted masterpieces by Jacques Louis David; intriguing avant-garde works by Brazilian artists of the 1960s; and a suite of majestic, late paintings by Cy Twombly. As disparate as they may seem, these works each challenge the viewer to use his or her imagination to complete what may still be rough or otherwise lacking in established forms of “finish”, and to take pleasure in the great rewards of “unfinishedness” —vitality, expressivity, and surprise.

Thomas P. Campbell
Director del Met

Hacer un recorrido por 500 años de historia del arte, a través de obras importantísimas, en un edificio tan increíblemente hermoso fue sin duda uno de los momentos más memorables de un viaje.

Sobre una aventura

Normalmente el mucho esperar por algo nos hace crear expectativas muy elaboradas, casi realistas, pero por más que uno pueda acercarse de distintas maneras a lo distante, siempre será desconocido para nuestros sentidos, nada se comparará a experimentarlo realmente.

Entonces me lancé a la aventura.

Ciudades como Nueva York tienen una esencia tan fuerte, que todo puede representar algo. El respirar, el caminar, el cielo, la brisa, el atardecer, los rostros de las personas: todo hablaba de una ciudad que jamás se detiene y cuyo motor es su propio espíritu universal.

A Nueva York no se le visita, uno se vuelve parte de ella, se mueve con ella, y se alimenta de ella. Espero volver pronto.

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Sobre el camino

Viajar es uno de los placeres que menos he explotado, quizás porque, como siempre, pienso demasiado sobre cualquier cosa que quiero hacer y las ideas acaban perdidas entre tanto pensar y pensar. Aún así, siempre he sentido que el viajar no se limita a montarse a un avión y recorrer grandes distancias. Podemos viajar sin movernos, recordando o transportándonos a lugares donde ni siquiera hemos estado. Pero eso es para otra entrada.

Hace poco vino a Panamá por primera vez un buen amigo y quería hacer de su visita algo especial, mostrándole lo diverso que puede ser este pedacito de tierra. Si bien falto mucho por ver, la impresión que se llevó fue lo que esperaba. Lo que nunca planeé fue sentirme yo mismo ajeno a esta tierra, lo que ejemplifica muy bien los muchos secretos que se ocultan justo frente a nosotros.

¿Pero cómo?

Lo habitual hace invisible muchas cosas maravillosas que suceden a nuestro alrededor. El camino es un muy buen ejemplo de esto. La expectativa por el destino es la principal causa de que nos olvidemos del mundo que sigue sucediendo mientras nos movemos, lo que ignoramos y está allí para ser descubierto.

Lo que más me gusta de viajar son las sorpresas que guarda el camino, sorpresas que nunca se repiten y que hicieron de este viaje una aventura. Solo hay que abrir los ojos, dejarse llevar y prestar mucha atención siempre.

Fotos por Marcos De la Cruz, que espero que pronto regrese para terminar de descubrir Panamá.